sábado, 24 de octubre de 2009

De la fantasía a la realidad: El síndrome de Peter Pan



Quien puede olvidar las numerosas aventuras escritas por Matthew J. Barrie sobre aquel niño que se rehusaba a crecer junto con sus inseparables amigos; los niños perdidos. Los cuales vivían aventuras extraordinarias en un mundo fantasioso rodeado de hadas, piratas y sirenas, en una isla llamada el país de Nunca Jamás.
Al igual que en el país de “Nunca Jamás” de la conocida obra “ Peter Pan” donde el lema de los niños que lo habitan es “no querer crecer nunca”, permanecer siempre niños, muchas personas de nuestra sociedad, aun siendo adultas, consciente o inconscientemente, no desean crecer ni madurar.

Comúnmente la infancia es una etapa de felicidad, en la que uno no tiene conciencia de la existencia de problemas, porque la gente “adulta” los soluciona por ellos. Hacia el final de la adolescencia se produce un cambio de mentalidad y se empieza a tomar conciencia sobre nuestras responsabilidades. Cada individuo empieza a orientar su vida hacia aquel camino que quiere recorrer, aunque muchos se niegan a superar esta etapa y se resisten a crecer dejando a un lado las responsabilidades que conlleva una “vida adulta”.
¿Seguramente te has topado con Peter Pan, aquel niño perdido que se rehúsa a crecer?, porque hoy en día Peter dejo de ser el personaje ficticio que vivía en Nunca Jamás, cambiando su código postal a la tierra, reencarnándose como mortal.
Creo que muchas personas conocen a Peter, aquel adulto solo en apariencia porque su actitud sigue siendo la de un niño o adolescente. Ha estas personas que se comportan con inmadurez y se rehúsen a crecer se les conoce bajo el nombre del “Síndrome de Peter Pan”.
Estos hombres se refugian en fantasías imposibles de cumplir, evaden continuamente sus responsabilidades. Aun teniendo una pareja y familia, estas personas no sólo culpan a los demás por sus errores, sino que además tienen marcadas conductas infantiles. Puede parecer un individuo seguro de si mismo pero atrás de su “mascara” encontramos su falta de seguridad y confianza. No son fieles a sus promesas o compromisos, son catalogados como narcisistas y hedonistas.
Pero es de esperarse que la Wendy mortal desee sentirse segura con su pareja y contar con su apoyo incondicional, no quiere compartir un proyecto de vida con alguien que es incapaz de sacrificar o apartar el hedonismo propio de la juventud, para sobrepasar aquellas metas a veces difíciles.
Muchas personas le temen al crecer, quedándose insertas en un mundo fantasioso evitando a toda costa la realidad. Ahora hay que preguntarnos ¿porque le tenemos tanto miedo a crecer?
Personalmente hay ciertas cosas en la vida que son un ciclo (nacer-crecer -morir) ante las cuales no hay atajos, todos vamos a pasar por ellas de diferentes o parecidas maneras. Creo que a este ciclo trifásico le falta la palabra vivir, porque son todas esas cosas las cuales conlleva el vivir que nos hacen tropezar y poder levantarnos aprendiendo de nuestros errores y así poder crecer como personas.
Creo que tememos crecer, porque crecer implica un cambio, porque los cambios son nuevos y desconocidos que se escapan de nuestras explicaciones. Le tememos a lo desconocido porque algo que no conocemos puede que nos dañe, o puede que no. Por eso tememos porque no sabemos. Tememos a que nos perjudique, a que no nos beneficie. A que el crecer nos haga cambiar o volvernos en aquella persona extraña a uno mismo.
Pero si no lo intentamos ¿quien nos aclararía esa duda?

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